Ella y Gabo

gabo

Mientras él escribía la novela que lo convertiría en un talento inmortal, ella buscaba la forma de que el carnicero le fiara los alimentos para subsistir un día más… al menos hasta el día en que él escribiera la palabra Fin a esa historia que decidió bautizar ‘Cien años de soledad’.

El resto fue historia. La fama que le trajo su talento hicieron de Gabriel José de la Concordia García Márquez un hombre reconocido en el mundo de las letras. Pero hicieron falta más que una prosa rica y un estilo literario único para lograr esta novela. Detrás de esta historia se ocultaba el amor de su esposa: Mercedes Barch.

Y de ese nombre tan largo se redujo a Gabriel García Márquez. Y de éste a simplemente Gabo, uno de los autores más significativos del siglo XX. Obtuvo el Nobel literario porque, en palabras de la Academia Sueca, “sus novelas e historias cortas reúnen la fantasía y la realidad que se combinan en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente“.

Todo nació con una mirada y terminó en el altar. En 1958, Gabo se casó con Mercedes Barch. Tuvieron dos hijos, Rodrigo y Gonzalo.

Lo cierto es que esa imaginación rica y ese tranquilo mundo no pudieron ser creados si no por la magia del amor. De un amor real, de un amor mágico. Un realismo mágico. Y es que el amor bien logrado es en realidad una extensión del realismo mágico.

Sin duda, un amor que llevó a ambos enamorados de la mano a donde fuera. Después de escribir ‘Cien años de soledad’, García Márquez se fue a Europa. Esta vez se instaló en Barcelona, donde viviría durante siete años estableciendo relación con numerosos intelectuales. Pero siempre acompañado de su amada Mercedes.

Dos amores que pese a los zarandeos de la vida nunca se soltaron la mano. Tras la persecución política que ocasionó su libre pensamiento, García Márquez decidió vivir en México. En 1999, le fue diagnosticado un cáncer linfático y esto lo llevó a escribir sus memorias, donde no han faltado las referencias a su esposa, como cuando dice “Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma” o “Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría te quiero y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes”.

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