A 10 años de una pasión

Los textos bíblicos pudieron haber impactado hace 2.000 años pero en 2004 ver la agonía de Jesús de Nazareth en una pantalla de cine, con efectos de audio y video, y actuaciones en primer plano, fue alucinante -¡y eso que no se había masificado la tecnología 3D!-. Hace 10 años muchos saltaron de sus butacas al ver, como si fuera la primera vez, las torturas infligidas al líder de la religión cristiana. Otros lloraron, se horrorizaron, reflexionaron…

Las anécdotas abundan, como la de un hombre en Houston, Estados Unidos, que tras ver la película, decidió confesar el asesinato de su novia embarazada, o la de una sexagenaria en Venezuela que al salir de la sala condenó las fuertes escenas de violencia y unos metros después, murió.

La pasión de Cristo de Mel Gibson rompió todos los esquemas. Se rodó en lenguas muertas: arameo y latín, con subtítulos; las únicas estrellas del reparto son Jim Caviezel y Monica Bellucci, mientras que Mel Gibson fue exclusivamente director; se estrenó en Estados Unidos el 25 de febrero de 2004 por lo que quedó prácticamente fuera del radar de los Óscar; el director hizo una austera promoción, concedió una sola entrevista con motivo del estreno a la cadena ABC de Estados Unidos; ninguna de las grandes distribuidoras de cine quiso hacerse cargo de la superproducción y al final la llevó una compañía independiente, Newmarket. Finalmente, el propio Mel Gibson financió los 30 millones de dólares que costó el filme.

La polémica que hubo incluso antes del estreno de la película le dio buena parte de la promoción que hizo que recaudara 700 millones de dólares (379 millones solo en EEUU).

Voceros de la comunidad judía condenaron a la película por “antisemita”. El rabino Shmuel Herzfeld, por ejemplo, dijo en Nueva York que “este filme nació de la misma teología que dio origen al Holocausto. Estoy profundamente preocupado por esta película y lo que causará a los judíos en todo el mundo después de su estreno”.

Por su parte, el cardenal de Nueva York, Edward Egan, escribió a sus feligreses para destacar que los judíos no eran responsables de la crucifixión de Jesús. “El dio su vida por nosotros”, escribió Egan en una columna que apareció en la edición de la revista Catholic New York. “Nadie la tomó de Él. Esto es, y siempre ha sido, una doctrina católica”.

Mel Gibson aclaró sobre la muerte de Jesucristo que “todos lo hicimos. Yo sería el primero en asumir la responsabilidad”.

Un reporte de la agencia Dpa daba cuenta de varios religiosos importantes cercanos al papa Juan Pablo II, quienes vieron La pasión de Cristo en una proyección especial y expresaron su satisfacción pues en la película “no hay absolutamente nada antisemita”.

El director se defendía diciendo que el propósito real de su película era recordar el infinito amor de Dios por los hombres. “Yo no quiero que la gente entre en el juego de las acusaciones. La película trata de la fe, la esperanza, el amor y el perdón… Del sacrificio de Cristo”, señaló el cineasta a ABC News.

De la “bancarrota espiritual”

Mel Gibson confesó en aquella entrevista con ABC News las razones que lo llevaron a embarcarse en este proyecto. Estaba en “bancarrota espiritual”, incluso llegó a pensar en el suicidio, hasta que encontró respuestas en la Biblia. “Solo pedí ayuda y comencé a meditar en el Evangelio. Lo leí todo, solo recordaba haber leído algunos fragmentos cuando era joven”, señaló.

¿El resultado? Una cruda película que revive las últimas 12 horas de vida de Jesucristo, donde un hombre de carne y hueso es torturado y asesinado por sus semejantes, en un acto que significa su inmolación, un acto por el perdón de los pecados de la Humanidad, su forma de vencer a la muerte con la muerte y la resurrección.

La crítica no fue suave. El cineasta italiano Franco Zeffirelli calificó a Gibson, a quien dirigió en la cinta Hamlet, como “un hombre genial y un magnífico actor”, pero notaba “una atracción siniestra por la más desenfrenada violencia”.

El diario The New York Times señalo que la violencia deja en un segundo plano todas las demás impresiones y que a la película le falta dignidad. Por el contrario, la revista Time comentó que es difícil “no admirar la Pasión de Gibson”, quien realizó “una película seria, notable, atormentada”.

En Venezuela, Robert Andrés Gómez escribiría: “Más cerca del gore que del drama e incluso del filme histórico, La pasión de Cristo mostró con crudeza las últimas horas en la vida de Jesús; mientras se detenía en capítulos fácilmente reconocibles de su existencia. Caviezel cumplió a cabalidad, no obstante, la intensidad de Maia Morgeenstern como María y la inquietante presencia de Rosalinda Celentano como el demonio, lo superaron en mucho”.

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