Monica Lewinsky escribe por primera vez sobre su escándalo con Bill Clinton

Casi dos décadas después de su paso por la Casa Blanca, la becaria más famosa de Washington da detalles sobre el escándalo.
Monica Lewinsky escribe por primera vez sobre su affaire con el presidente Bill Clinton y cómo ha intentado reconstruir su vida desde entonces.
“Es hora de quemar la boina -en referencia a la gorrita negra que llevaba en su foto con Clinton- y enterrar el vestido azul -aquel famoso atuendo con manchas de semen-”, escribe en el número de junio de la revista estadounidense Vanity Fair.
“Siento profundamente lo que sucedió entre el presidente Clinton y yo. Déjenme decirlo de nuevo: Yo. Yo misma.
Lamento. Profundamente. Lo. Que. Sucedió”, escribe.
Tras una década de silencio -”tan callada, de hecho, que el runrún en algunos círculos había sido que los Clinton debían de haberme comprado; ¿por qué otro motivo me habría contenido de hablar? Puedo asegurarles que nada más lejos de la verdad”- Lewisky dice que es hora de dejar de “pasar en puntas de pie por mi pasado: y el futuro de otra gente [dispara]. Estoy decidida a poner un final diferente a mi historia.
He decidido, finalmente, tomar el toro por los cuernos de modo que pueda recuperar mi discurso y dar un propósito a mi pasado (Qué me va a costar. lo descubriremos pronto)”, prosigue.
Lewinsky mantiene que su affaire con Clinton se produjo entre dos adultos y asegura que la humillación pública que sufrió alteró para siempre el rumbo de su vida.
“Claro, mi jefe se aprovechó de mí, pero siempre me mantendré firme en este punto: fue una relación consentida.
Cualquier abuso vino después, cuando me convirtieron en cabeza de turco para proteger su poderosa posición… La administración Clinton, los Fiscales especiales amigotes, los trabajadores políticos de ambos bandos y los medios consiguieron marcarme.
Y esa marca permaneció, en parte porque fue imbuida con poder”, prosigue.
Tras el escándalo, prosigue, “rechacé ofertas que me habrían dado más de 10 millones de dólares, porque no me parecía lo correcto”.
Tras vivir en Londres, Los Ángeles, Nueva York, y Portland, Oregon, y aspirar a numerosos trabajos, “nunca era lo suficientemente adecuada para el puesto”, lamenta Lewinsky, según ella por lo que “los potenciales contratadores llamaban delicadamente ‘mi historia’”.
Lewinsky asegura que todavía la reconocen a diario y que su nombre aparece -también todos los días- en los resúmenes de prensa.
Dice Lewinsky que durante la carrera por la candidatura demócrata de Hillary Clinton en 2008 se mantuvo “virtualmente recluida” para evitar la refriega política. “Postergué varios proyectos de prensa anunciados hasta después de las elecciones.
Después fueron cancelados. Recientemente, me he visto de nuevo con miedo de convertirme en un problema si ella decide redoblar su campaña [en alusión a las aspiraciones de Hillary para las próximas presidenciales]. ¿Pero debo poner mi vida en suspenso durante otros ocho o 10 años?”.

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