Dakota Johnson le prohibe a Melanie Griffith y Don Johnson que vean 50 Sombras de Grey

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Dakota Johnson ha “acordado” con su mamá la actriz Melanie Griffith y su papá Don Johnson que ninguno asistirá a las funciones de la película 50 Sombras de Grey.

El erotismo y las escenas candentes entre Anastasia Steele (Dakota) y Christian Grey (Jamie Dornan) no son aptas para los padres de la joven actriz. Aunque eso no impide que Griffith apoye este proyecto en la vida de su hija.

El primer trailer de 50 Sombras de Grey ha acumulado más de cien millones de visitas en YouTube y al mismo tiempo, se ha llenado de comentarios de fans que temen que el filme no sea tan explícito como los libros.

Siete años sin Fontanarrosa

(Rosario, 1944 – 2007) Humorista gráfico y escritor argentino. Conocido como Roberto “El Negro” Fontanarrosa, fue uno de los referentes del dibujo humorístico en su país y uno de los más seguidos por los lectores de las publicaciones en las que aparecían sus chistes e historietas.
 A menudo se afirma que a partir de 1973, cuando Fontanarrosa empezó a publicar su viñeta diaria en el diario Clarín, la gente empezó a leer el diario por detrás. Antes, Fontanarrosa había formado parte del plantel de humoristas de una extraordinaria revista llamada Hortensia que hizo a desternillar a medio país con su humor cordobés, un humor fresco que en nada se parecía a un chiste de argentinos (es decir, de porteños).
Desde entonces Fontanarrosa no paró de trabajar. Entre su enorme producción de humorista gráfico hay dos personajes que forman parte de la vida argentina: Inodoro Pereyra, el renegau (un gaucho que se rebela a todo, secundado por su perrito Mendieta) y el mercenario Boogie el aceitoso, en sus inicios una parodia a James Bond, pero más bien un Harry el Sucio demente.
Fontanarrosa recopiló viñetas sueltas en algunos volúmenes muy difundidos, como por ejemplo ¿Quién es Fontanarrosa?, Fontanarrisa, Fontanarrosa y los médicos, Fontanarrosa y la política, Fontanarrosa y la pareja, El sexo de Fontanarrosa, El segundo sexo de Fontanarrosa, Fontanarrosa contra la cultura, El fútbol es sagrado, Fontanarrosa de Penal, Fontanarrosa es Mundial y Fontanarrosa continuará, títulos en que es patente el amplio abanico de temas que abarcó su agudeza humorística y su habilidad para el comentario gráfico.
Además de recopilaciones de viñetas, publicó también cómics concebidos directamente como libros, como Los clásicos según Fontanarrosa, Semblanzas deportivas y Sperman. A ello hay que añadir los volúmenes que recogen las correrías y desventuras del gaucho Inodoro Pereyra. Publicadas desde 1972 en revistas de humor y, regularmente, en el periódico Clarín, las historias de Pereyra y su perro Mendieta fueron recopiladas en más de quince volúmenes. Una versión de dichas aventuras fue llevada al teatro en Buenos Aires en 1998, con un enorme éxito de público y de crítica. También las historias de Boogie el aceitoso se recogieron en doce volúmenes.

Como literato, publicó numerosas recopilaciones de cuentos: El mundo ha vivido equivocado (1982), No sé si he sido claro (1986), Nada del otro mundo (1987)… Su dedicación al relato breve se intensificó en sus últimos años: El mayor de mis defectos (1990), Los trenes matan a los autos (1992), Uno nunca sabe (1993), La mesa de los Galanes (1995), Una lección de vida (1998), Te digo más… (2001), Usted no me lo va a creer (2003) y El rey de la milonga (2005).
Muchos de estos relatos, de innegable sabor popular, tienen por escenario el bar El Cairo, un establecimiento real entre cuya clientela era fácil encontrar, un día cualquiera, al Negro Fontanarrosa. Este conjunto narrativo es una completa antología de singularidades humanas, conductas y situaciones que van desde la parodia delirante al trazo más fino y certero. Escribió además algunas novelas, entre las que destacan Best Seller (una imaginativa y lúdica recreación de la peripecia de un mercenario sirio cuyo nombre da título a la obra), El área 18 y La gansada.
Aquejado de una enfermedad neurológica (Distrofia lateral), en enero de 2007 Fontanarrosa anunció a sus lectores que su dolencia le impediría continuar dibujando con su propia mano, por lo que, a partir de aquel momento, contaría para poner en imágenes sus ideas con la colaboración de otros dibujantes, como Negro Crist (Cristóbal Reinoso) u Óscar Salas. El 19 de julio de ese mismo año, Fontanarrosa falleció en Rosario, su ciudad natal, a consecuencia de esta enfermedad.

Catorce años sin Rodrigo

El mundo de la música popular recordará este día por siempre, cuando “El Potro” vivía su mejor momento laboral cuando debió decir adiós. En un accidente automovilístico, el 24 de junio de 2000, falleció el gran exponente del cuarteto y a 14 años de su partida recordamos su vida. 

ASÍ COMENZÓ SU CAMINO…
Rodrigo Alejandro Bueno nació el 24 de mayo de 1973 en Córdoba desde niño mostró su pasión por el cuarteto, el ritmo que lo llevó a la cima. 
Su primera aparición pública fue a los 2 años en un programa televisivo conocido como “Fiesta del Cuarteto”, donde subió al escenario acompañado de Carlitos “La Mona” Jiménez.
 A los once años debutó junto al grupo Chévere. A los doce años ingresó al grupo Manto Negro donde permaneció hasta los 17, cuando decidió comenzar su carrera solista. Así edita su primer disco, titulado “La foto de tu cuerpo” (1990), el mismo nombre que una canción compuesta a sus 15 años.
Luego de unos años de carrera musical, decidió viajar a Buenos Aires con el objetivo de llevar el cuarteto a todo el país, y así lo hizo. Ya instalado en la capital del país, presenta su segundo trabajo discográfico, llamado “Aprendiendo a vivir”.
Fue en este viaje donde comenzó una carrera con un gran ascenso y  “Lo mejor del amor” llegó a  sonar en todos los rincones de Argentina. Fue partir de Este momento que Rodrigo comenzó a realizar giras intensas por lo ancho y largo del país, llevando su alegría a cada rincón. 
Poco antes del trágico accidente lanzó uno de los discos que lo consagrarían, “Rodrigo a 2000”, el más vendido del cantante, con grandes éxitos como “Yerba Mala”, “Como le digo”, “Soy cordobés”, “Amor Clasificado”, “Que Ironía”, entre otras.

EL DÍA MÁS TRISTE PARA EL CUARTETO
En las primeras horas del 24 de junio del 2000 se anunciaba la muerte de Rodrigo, quien por entonces tenía 27 años. Paradójicamente, este día se recuerda en la Argentina el fallecimiento de Carlos Gardel, otro grande en la música. 
Sin embargo, Rodrigo ocupó todas las miradas y el país se sintió conmovido por esta sorpresiva noticia. 
El cantante  cordobés fue a la grabación del programa de televisión “La Biblia y el calefón”, y luego se fue a cenar junto con su representante, sus músicos, su pequeño hijo Ramiro y la madre de éste en El Corralón. Allí, en las primeras horas del 24 de junio de 2000 es donde se encuentra con Fernando, el hijo del fallecido Alberto Olmedo, al cual invita a su recital en la disco Escándalo, de City Bell en La Plata.
El recital fue grabado por el programa de televisión “El rayo”, con Nacho Goano como notero. Tras el recital, Rodrigo se dirigía a Buenos Aires por la Autopista Buenos Aires-La Plata. El cantante cuartetero conducía su Ford Explorer roja, en la cual viajaban su pequeño hijo Ramiro, la madre de éste, junto a Fernando Olmedo, cuando se produjo un accidente poco claro en el cual se vio involucrado un individuo, Alfredo Pesquera.
En ese accidente ocurrido en la madrugada en Berazategui en el Km 26, Rodrigo y Fernando Olmedo perdieron la vida.

Baz Luhrmann podría llevar la vida de Elvis Presley a la pantalla grande

Baz Luhrmann, el realizador de “Moulin Rouge” y “El gran Gatsby” negocia desde hace algún tiempo con Warner Bros. para hacerse cargo de un filme en torno a Elvis Presley en cuyo guión, todavía sin título definido, está trabajando Kelly Marcel, guionista de entre otras “Al encuentro de Mr. Banks” y la esperada adaptación de “Cincuenta sombras de Grey”, actualmente en rodaje.

Para esta futura producción, Warner Bros. se aseguró todos los componentes musicales del catálogo de Presley. No trascendieron más detalles sobre en qué aspectos de la vida del Rey se centrá el guión.

Además de este proyecto, Baz Luhrmann también tiene en carpeta la adaptación cinematográfica de la emblemática “Kung Fu” protagonizada en los años 70 por David Carradine, y la ambiciosa serie de televisión sobre Napoleón que nunca pudo hacer Stanley Kubrick que producirá Steven Spielberg para la HBO.

Además de este proyecto sobre Elvis, también está en marcha “Last Train to Memphis”, adaptación del best-seller de Peter Guralnick “Last Train to Memphis: The Rise of Elvis Presley” que dirigirá Kevin MacDonald (“El último rey de Escocia”) para 20th Century Fox, y el cual se centra en cómo un desconocido pasó a convertirse en una de las mayores leyendas de la historia de la música.

Norma Pons : La trayectoria de una mujer que dedicó su vida a la actuación

Rosarina, Norma Pons es considerada una de las grandes actrices del teatro argentino. A los 70 años la artista estaba en plena actividad de su profesión, brillaba en el escenario en la pieza teatral “La casa de Bernarda Alba” y, el lunes formó parte de  la presentación de ShowMatch de dónde había sido convocada para participar del Bailando. 

Junto a su hermana Mimí dieron los primeros pasos en radioteatros de la ciudad santafesina de Rosario, donde era oriunda y ya en los años `60 “las hermanas Pons” conquistaron Buenos Aires como cabeza de teatro de revistas. 

Bella y elogiada por sus atractivas piernas, se consagró de la mano del gran capocómico José Marrone en el Teatro Maipo. 

Norma incursionó en el cine y en 1996 se destacó en “Sotto voce” que la llevó a ganarse el premio Cóndor de Plata a mejor actriz de reparto.  

En los años 80 brilló como actriz de comedia en “Fin de semana de Noel Coward”, dirigida por China Zorrilla, quien posteriormente la dirigió en “La mujer invisible”.

A finales de los `80, Antonio Gasalla la eligió como su partener y fue la gran figura femenina de su programa por lo que fue premiada con el premio Martín Fierro como mejor actriz cómica. 

Desde allí participó en  “Los machos”, “Situación límite” y “Franco Buenaventura, el Profe”. Actualmente se encontraba protagonizando “La casa de Bernarda Alba” bajo la dirección de José María Muscari y fue convocada por Marcelo Tinelli, participó este lunes de la gran apertura y era una de las celebridades que participarían de Bailando 2014.

Hace 50 años, la magia de los Beatles llegaba a Estados Unidos

Este domingo 9 de febrero, se cumplen exactamente 50 años de la primera presentación de los Beatles en los Estados Unidos, en el Show de Ed Sullivan. La misma fue vista por una audiencia nunca antes alcanzada y marcó un antes y un después en la historia de la música moderna.

Para hablar sobre este tema, entrevistamos a Fernando Blanco, músico argentino que con su banda Nube 9 interpreta magistralmente toda la obra de los fabulosos de Liverpool. Además Fernando es un gran investigador, y es coautor del libro Beatlend, en conjunto con Sergio Marchi, con quien están terminando de escribir un segundo libro.

  GABO – Se cumplen 50 años de la llegada de Los Beatles a los Estados Unidos, de la famosa invasión… ¿Por qué pensás que fue tan explosiva esa presentación?, se habla de que el Show de Ed Sullivan fue visto por 73 millones de personas…

Fernando Blanco- Se dieron muchos condicionamientos, socio-político especialmente. Estados Unidos venía de sufrir hacía poco tiempo, nada menos que el asesinato de su presidente. El país había caído en una especie de depresión colectiva y quería salir. Para ello necesitaba algo que lo levantara. Ese “algo” si venía de afuera mejor. En ese contexto apareció éste fenómeno justo en un momento ideal para que les levantara el ánimo. El Rock and roll había prácticamente desaparecido. Fue furor en los 50, pero Elvis se había “domesticado” yendo al ejército y Jerry Lee Lewis estaba en decadencia. Había una baja del rock and roll y no existía ninguna renovación de artistas tan importantes. Entonces, de repente, aparecen Los Beatles con una relectura de su música, de lo que los norteamericanos habían inventado, entonces eso les llamó la atención.

Ediciones especiales a los 50 años de la Beatlemanía en USA

También se hizo una campaña de publicidad muy fuerte, como nunca antes se había hecho. Cuando la Cápitol, que era la filial de EMI en EE.UU vio que el simple  “I want to hold your hand”, empieza a andar muy bien, llega al número uno, y ven que ellos tenían pactado una presentación en “The Ed Sullivan Show” dicen “Bueno, ok, vamos a poner publicidad”.  Hicieron una campaña como nunca antes se había visto. “Llegan Los Beatles” era el slogan. Todo el mundo se enloquecía, entonces fue como que todo coincidió para que Estados Unidos posara la mirada en estos cuatro pibes que venían de Inglaterra en un momento único. Dicen que fue récord de audiencia, hay una estadística que usan como chiste, de que ese día no hubo robos en Nueva York.

GABO – Sin embargo, muchos de los medios más importantes de prensa fueron particularmente críticos con ellos, por la vestimenta, por la la música… ¿Por qué pensás que tuvieron esa reacción, que iba totalmente en contra de lo que sentía la gente, del furor popular?

FB – Es que no hay nada que sea mas disparador de un éxito que la crítica te censure, o que te reviente y que a la gente le guste. Ahí no hay con qué darle. Es probable que el espectáculo todavía no estuviera listo para estos pibes que venian con pelo largo. Y las generaciones grandes tampoco. Pero, sin duda, los pibes nuevos y toda esa generación  que venia del “baby boom” post guerra, estaban listos para los Beatles, para un nuevo espíritu de libertad, que era lo que traían estos tipos. En Estados Unidos no se usaba el pelo como lo llevaban ellos, era como “afeminado”. Hubieron varias cosas…  El humor inglés, el desparpajo, todo eso trajo un quiebre allá. Hicieron que las generaciones anteriores los rechazaran pero que las jovenes los adoptaran con más fuerza.

GABO – Se decía que para ellos, saltar a los Estados Unidos era multiplicar todo por diez. La audiencia, las ventas, todo… Ellos eran una banda muy joven, tenían un año y poco más de su primer disco. ¿Se imaginaban que iban a tener semejante suceso?, ¿se sorprendieron?

FB – Lo de “multiplicar por diez” lo dijeron ellos cuando volvieron de su primer viaje por Norteamérica. Ante una consulta de la prensa, ellos dijeron que multiplicaron todo por diez, ¡incluidos los gritos!, porque claro, había más población. Eran nuevitos en el mercado discografico, sí, pero como banda ya tenían una trayctoria. En Estados Unidos ellos no esperaban el éxito, sobre todo porque ningún artista inglés había tenido la suerte de triunfar. Había unos antecedentes muy chiquitos de un par de artistas que fueron número uno pero no hicieron gran cosa. Ninguna de las grandes estrellas inglesas había tenido tanto éxito, entonces se preguntaban ¿Por qué a nosotros nos va a tocar? Por otro lado lo deseaban. Cuando ellos hacen “I want to hold your hand”, se aprecia que el tema está muy bien pensado para el mercado norteamericano. El sonido es mucho más limpio, las voces, cómo está cantado… No creo que hayan esperado tanto éxito, habrá sido una sorpresa.

GABO – En esos años, los sesenta, la llegada a Estados Unidos no fue solamente de los Beatles.  Hubo otras bandas que triunfaron también. Más allá de las virtudes enormes del grupo, ¿por qué pensás que fueron los más exitosos y los que más fuertemente influyeron en la sociedad?

FB – Después de Los Beatles aparecieron los Rolling Stones, hubieron varias bandas que triunfaron. Pero Los Beatles estaban a la cabeza porque le llevaban varios cuerpos musicalmente a los demás. Eran más astutos, más inteligentes para armar las canciones, todos los músicos de esa época te dicen que ellos estaban un paso más adelante y entonces los demás esperaban a ver qué hacían.

El amante secreto de los hombres y mujeres del clan Kennedy

“Nadie puede resistírseme”. Rudolf Nureyev estaba convencido de que era el hombre más atractivo sobre la faz de la tierra y, según un libro que se publicará el próximo mes en EEUU, tanto Jackie Kennedy como su cuñado, Robert Kennedy, sucumbieron a los encantos del bailarín.

Aunque con el paso de los años se han conocido las infidelidades de Jackie y, sobre todo, JFK en el aparentemente idílico Camelot, esta es la primera vez en que se dan detalles sobre el bailarín ruso -fallecido a causa del sida en 1993 y quien a lo largo de su vida acumuló una larga lista de conquistas, sobre todo masculinas- como uno de los amantes de la primera dama.

La revelación procede del libro ‘The Pink Triangle’, del biógrafo de Hollywood Darwin Porter, basado en entrevistas con los ‘más cercanos confidentes de Jackie’ y abiertamente homosexuales, Gore Vidal y Truman Capote (el libro relata la vida de los dos escritores y de Tennessee Williams, tercer vértice en este ‘triángulo rosa’).

Fue el propio Capote quien habló a Porter del affaire de Jackie con el bailarín ruso cuando ella todavía estaba en la Casa Blanca. El romance comenzó en 1963, el año en que JFK fue asesinado. “Jackie quedó prendada de Rudi el día que los invitó a él y a su legendaria compañera de baile, Margot Fonteyn, a bailar en la Casa Blanca durante la administración de Jack”, asegura Darwin Porter, en un extracto del libro recogido por la revista Globe y que recopila el diario El Mundo. “Pronto iniciaron una historia de amor secreta que duró años”.

 

Un poco de historia policial : “Nelly y Saúl, los amantes que terminaron como Bonnie and Clyde”

Ocurrió a comienzos de la década del ´60. La mujer era azafata. Y conoció a quien sería su amante y cómplice en Mar del Plata. Llegaron a ser las personas más buscadas por la Policía.

Se llamaban Nelly Edith Herrera y Saúl Lipsitz. Fueron la pareja más fructífera en el mundo del delito. Se convirtieron, de un día para el otro, en los criminales más buscados y temidos del país. Fue allá por los finales de la década del ´60. La versión argentina de los norteamericanos Bonnie and Clyde.

Nelly era una hermosa mujer, se ganaba la vida como una respetada azafata de una compañía internacional y se había casado con un ciudadano estadounidense que se llamaba Jules Hensen. Cuenta la historia que el primer esposo murió cuatro días después del casamiento, cuando el avión en el que volaba cayó en la selva de Mato Grosso, en Brasil. Después contrajo matrimonio en Río de Janeiro con el carioca Walter Montanha, relación que tampoco duraría demasiado.

Su última pareja, antes de conocer a Saúl, fue el empleado de la Aduana del Aeropuerto Internacional de Ezeiza José María Quevedo. Era su prometido y estaba por casarse cuando, en el Casino de Mar del Plata, se cruzó con Lipsitz. Desde ese momento fueron amantes, relación que duró 11 años y que incluyó una carrera delictiva inigualable en el país. El encuentro en “La Feliz” fue en el año 1959.

Quevedo, un hombre serio y buen empleado, le comentó un día a su novia que estaba preocupado porque en la Aduana se almacenaban cargamentos millonarios en oro y billetes, pero la seguridad que había en el lugar era extremadamente deficiente. Ese inocente comentario fue el dato que inició el plan.

Nelly y Saúl se contactaron con delincuentes pesados de aquélla época. Primero acordaron con Gabriel Kreda, primo de Lipsitz, que se encargó de la organización del plan criminal. Se sumaron al poco tiempo Ramón “Toscanito” Toscano, un legendario ladrón de esos años, Antonio González y Javier Lorenzo, entre otros.

Pocos días antes del golpe, robaron una camioneta y la pintaron con el logo de una empresa aérea. También Nelly se encargó de coser y bordar la marca de la empresa Panagra. Todos se reunían en un local de Ciudadela.

El asalto comenzó a las cuatro de la madrugada del 15 de enero de 1961. Entraron armados, golpearon a un custodio y maniataron a los otrosvigiladores privados. En pocos minutos, cargaron varias carretillas con todo el botín del tesoro de la Aduana de Ezeiza. Se llevaron un monto varias veces millonario que incluía 400 kilos de oro en barras, una partida de dinero moneda nacional, cruceiros brasileños, libras, marcos y francos suizos. También cargaron miles de mexicanos de oro.

Nelly, cuando se produjo el asalto, estaba en Uruguay y después viajó a Río de Janeiro. La banda se dividió el dinero y el oro y cada uno siguió su camino. Pero el diablo metió la cola: un vendedor de oro de la calle Libertad, en la capital federal, había comenzado a comercializar las monedas de oro a menor valor, por lo que la Policía llegó al local y lo detuvo. Se llamaba Isaac Vigelfager. De ahí en más, los delincuentes fueron cayendo uno tras otro.

Saúl y Nelly fueron a prisión, pero recuperaron la libertad bajo fianza en 1963. Desde ese momento jamás volvieron a presentarse en la Justicia, por lo que quedaron prófugos. Y comenzaron la segunda fase de la carrera delictiva, la más violenta y sangrienta que se conozca.

Los asaltos se sucedían. Para entonces, Nelly participaba directamente en los robos, empuñando una pistola calibre 45. Asaltaron el banco Nación de Boedo e Independencia, y sucursales bancarias de Gerli y Ciudadela. También saquearon las cajas de bancos de Santa Fe y Córdoba. En los atracos llegaron a matar a dos policías.

Buscados por la Policía, presentados como los “enemigos públicos” más peligrosos, Nelly y Saúl cambiaron de identidad. Habían conseguido documentos uruguayos con nuevos nombres y se ocultaron en una casa ubicada en Necochea 2.520, en Martínez, partido de San Isidro. Allí pasaron unos meses tranquilos.

La Policía Bonaerense perseguía, en esa zona, a un delincuente llamado José Nicolás Carrizo, amigo de ellos. Este hombre los visitaba periódicamente y eso los delató. El 15 de setiembre de 1970, cientos de uniformados rodearon la vivienda. El comisario, a los gritos, ordenó que se entregaran. Pero no había caso, Nelly y Saúl no tenían intenciones de volver a la cárcel.

Al día siguiente, luego de una tensa espera, finalmente la Policía ingresó a la casa. Primero arrojaron gases lacrimógenos hasta que abrieron fuego. Fue una balacera infernal. Carrizo, el amigo, murió en la planta alta de la casa. Saúl fue acribillado en la puerta y Nelly, con un revólver calibre 38 entre sus manos, recibió más de cincuenta balazos en el jardín. El cadáver quedó tendido debajo de un limonero.

Luigi Castruccio, el escritor y envenenador de la muerte

Fue a finales del siglo XIX. Era un inmigrante italiano. Envenenó a su sirviente, un francés que había llegado poco antes al país. Quiso cobrar un seguro. Lo descubrieron. Se salvó de ser fusilado, cuando ya estaba en el paredón.

Tenía apenas 20 años cuando Luigi Castruccio bajó de un barco en el Puerto de Buenos Aires con la idea fija de ser millonario en la tierra de las oportunidades. Corría el año 1878 y la inmigración estaba cambiando para siempre a la flamante República Argentina. Había nacido en Génova y era tan pobre como los cientos de miles de europeos que no paraban de arribar al país en los monumentales vapores transatlánticos.

Castruccio, que una vez radicado pasó a llamarse Luis, hizo de todo en los primeros años. Aunque, como muchos “tanos”, la mayor parte del tiempo se ganó la vida como albañil. Ganaba poco, pero al menos alcanzaba para comer y juntar algún que otro peso. Pero había algo en este hombre de muy baja estatura, rubio y de finos ojos celestes que no andaba bien. Era cambiante, ciclotímico y tenía una característica que lo distinguía: no paraba de hablar.

Pese a sus estados de ánimo y a la personalidad tan especial, nada hacía pensar que ese hombre minúsculo sería, en pocos años, uno de los personajes más conocidos de las crónicas policiales de finales del siglo XIX. Fue, para muchos historiadores, el primer envenenador de la historia penal argentina.

Luis tuvo un golpe de suerte, aunque fugaz, cuando llevaba no más de cuatro años en la Argentina. El gobernador Dardo Rocha había dado comienzo a la construcción de la moderna capital de la Provincia de Buenos Aires: La Plata. Y hasta ahí se fue Castruccio, donde no tardó en conseguir trabajo y se sumó a la construcción de los grandes edificios que distinguirían a dicha ciudad. Con ese empleo pudo juntar unos ahorros que le permitieron, al final, mejorar sus condiciones de vida. Para 1888 ya estaba de regreso en Buenos Aires y había alquilado una casa en la calle Bartolomé Mitre, que por entonces se llamaba Piedad.

Pero el dinero, si no se sigue trabajando o no se ahorra como es debido, desaparece tan rápido como un puñado de arena entre los dedos. Castruccio, siempre locuaz y altanero, simulaba ser un hombre de buena posición, aunque no tenía un peso. Fue entonces cuando comenzó a coquetear con la muerte: su primer plan fue quitarse la vida. Para ello, con una receta trucha, compró un frasco del poderoso veneno llamado estricnina. Después, redactó su testamento, cediendo todos sus bienes al Hospital de los Italianos. Era, en definitiva, un testamento inútil y absurdo, porque ya estaba en bancarrota y no tenía nada para ceder en herencia.

El suicidio, después de analizarlo, no sería la solución. Siguió pensando y tramó un plan que estuvo a un paso de lograr. Sólo un mínimo detalle derrumbaría todo. Primero publicó un aviso en un diario pidiendo un sirviente para su casa. Contrató a un francés recién llegado al país que se llamaba Augusto Bouchot Constantin. Lo llevó a su casa y lo trató como si fuese su hermano. Tal era la confianza que le armó una cama en su propia habitación.

Poco tiempo después, convenció a su empleado de que comprara un seguro de vida en la Compañía de Seguros La Previsora del Hogar. El único beneficiario, claro, era Castruccio, quien en los documentos del contrato figuraba como “cuñado” del francés.

Ya tenía el seguro. Ahí pasó a la segunda fase del plan. Todas las noches, embebía cloroformo en un pañuelo, el que apoyaba en el rostro Augusto cuando éste se dormía. No lo mató, pero lo tenía todo el día adormecido. Tras unos días, decidió ser más contundente y le empezó a mezclar muy pequeñas dosis de estricnina en los alimentos. Augusto se descompuso y padecía terribles dolores estomacales. Para que no sospechara llamó al médico, que le recetó un medicamento para el dolor de panza. El italiano los compraba religiosamente en una farmacia. Finalmente, el francés murió y fue enterrado, con un servicio fúnebre que fue abonado en efectivo por su patrón-asesino, en el Cementerio de la Chacarita.

Habían pasado algunos días de la muerte del francés cuando Castruccio se presentó en la aseguradora a reclamar el dinero del seguro. Fue varias veces a cobrar. Pero al inspector le había surgido una duda: parecía ser mentira que el italiano fuese el cuñado del difunto. Por eso, en última instancia, se decidió hacer una denuncia en la Policía. A partir de ese momento, la coartada de Luis se derrumbó como un castillo de naipes.

Castruccio hablaba tanto que, cuando llegó la Policía a su casa, entró rápidamente en contradicciones. Y fue directo a la cárcel cuando los agentes encontraron una libreta con anotaciones del crimen. Había escrito: “C. la E. el 4”, que después se supo significaba “compré la estricnina el 4”. Además anotó “E. el ABC el 18”, abreviatura de “Envenenado el Augusto Bouchot Constantin el 18”. Fue en el mes de abril de 1889.

El juez de la causa lo condenó a la pena de muerte, la que se debería cumplir el 22 de enero de 1890. Antes, Castruccio había dicho, tras confesar el crimen: “yo no he hecho nada malo. Nunca maté a un argentino”. También dijo que no le había provocado dolor, que había sido un trabajo “científico”.

El día del fusilamiento, Luis Castruccio fue sacado antes del amanecer de su celda de la Penitenciaría Nacional, que estaba ubicada donde actualmente está la porteña Plaza Las Heras. Allí compartió celda con un temible asesino de la época: “El horroroso” Pagano. Esa jornada, le vendaron los ojos, le coloraron los grilletes y lo llevaron al paredón. Antes había recibido el perdón de un cura que había ido a visitarlo. Ya estaba todo listo cuando llegó el indulto del Presidente de la Nación, Miguel Juárez Celman. La presión de los periódicos de la época, porque para entonces ya no estaba bien vista la pena capital, había salvado al italiano envenenador.

Castruccio pasó casi dos décadas encerrado en ese penal hasta que, en 1908, se creó la Colonia Nacional de Alienados, hoy convertida en la Colonia “Domingo Cabred”, en Open Door, cerca de Luján. Allí estuvo el resto de su vida, donde se dedicó a leer y escribir poesías. Algunos de esos escritos tenían como tema central algo que Luis conocía muy bien: el veneno.